Reconstruir la profesión docente

La docencia se encuentra ante una paradoja. Por un lado, son muchas las investigaciones que establecen la relación que existe entre la calidad de la educación y la calidad de los docentes. Por otro, se toman decisiones políticas, se aplican medidas y se hacen declaraciones públicas desde las distintas administraciones educativas que están provocando la precariedad laboral, desmoralizando al colectivo docente y debilitando los saberes profesionales.

En los últimos tres años las políticas y las inversiones educativas están proletarizando la profesión docente: aumento del horario laboral; subida de la ratio alumno/docente; bajada de los salarios; peores condiciones laborales; debilitamiento de los derechos sociales y acceso restringido a la formación continua.

El deterioro de la profesión docente también está unido a otras variables. Juan Carlos Tedesco escribe al respecto: “El deterioro de la profesión docente está asociado a otras variables culturales vinculadas a la aparición de nuevos agentes de socialización y de cambio de transmisión cultural que se ha producido en la sociedad”. Según el profesor Tedesco, el fuerte impacto de los medios de comunicación de masas y el enorme potencial de las TIC para transmitir información y adquirir conocimiento, sitúan la escuela y a los docentes casi en un lugar subalterno.

Por otro lado, la disociación que se produce entre la teoría pedagógica (expertos universitarios), la práctica educativa (docentes) y la toma de decisiones políticas (gobiernos) provoca que la formación inicial y continua de los docentes no esté blindada ante los vaivenes políticos y económicos. “La docencia debe de ser una de las pocas profesiones, tal vez la única, donde existe una distancia tan significativa entre los contenidos de la formación y las exigencias para el desempeño”, escribe Juan Carlos Tedesco.

Y no menos importante entre las variables que inciden en el deterioro de la profesión docente es el supuesto vínculo, tan de moda, entre el trabajo de los docentes y los resultados académicos del alumnado. El anteproyecto Lomce es explícito, “la calidad educativa debe medirse en función del output (resultados de los escolares) y no del input (niveles de inversión, número de profesores, números de centros, etc.)”, una presión externa que termina desvirtuando el sentido de la docencia convirtiéndola en una preparatoria para hacer frente a pruebas externas estandarizadas. Es innegable que existe una relación entre la calidad de los procesos de aprendizaje del alumnado y la calidad de la docencia, pero no existen argumentos sólidos para concluir que el cien por cien de la responsabilidad de los resultados escolares se localizan en el desempeño de la profesión docente.

Reconstruir la profesión docente es un reto muy importante. El docente es el gran ausente del anteproyecto Lomce. Las políticas educativas del gobierno han debilitado su imagen pública y sus condiciones sociolaborales y profesionales. No se ha consultado al colectivo ni a las organizaciones que le representa. Lo que sí transmite el anteproyecto de Ley y las constantes declaraciones del Ministerio de Educación es una gran desconfianza hacia el colectivo docente, aunque es clave para cualquier reforma.

El reto está en responder qué profesionalidad docente necesita la sociedad del conocimiento.

La construcción de la profesión docente es una tarea permanente que en la actualidad se desenvuelve en un escenario inestable y francamente desfavorable. Los docentes deben reivindicar el control de su trabajo y hacerlo desde una perspectiva innovadora. Según Emilio Tenti, desde esta perspectiva, el docente debe ser “un profesional técnico, es decir, poseedor de un saber acerca de los medios de la enseñanza y el aprendizaje”. Desde una perspectiva complementaria, “los docentes serían profesionales críticos, es decir, constructores de subjetividades conforme a proyectos políticos que transcienden su identidad técnica”. Así, el docente sería un agente clave en los procesos de construcción de una sociedad más justa, libre y democrática. Para cumplir esta función social que los transciende, deben estar en condiciones de ejercer un control colectivo sobre el sentido, los objetivos y contenidos de su trabajo. En sentido estricto no serían funcionarios, sino intelectuales capaces de cooperar en la distribución de ese capital estratégico en las sociedades contemporáneas, que es el conocimiento y la cultura en las nuevas generaciones”.

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La importancia de reivindicar la docencia

El 5 de octubre se celebra el Día Mundial del Docente, una iniciativa que surge en 1996 auspiciada por la Unesco. En 2012 esta celebración adquiere un significado especial, sobre todo de reivindicación, porque las duras políticas de recortes emprendidas por muchos países del mundo –en una mano la tijera y en la otra Hayek– están dificultando, aún más, una profesión ya de por sí compleja como es la docencia.

Mucho se habla de la importancia de los docentes para el futuro de un país o sobre la necesidad de reformar su autoridad, casi siempre en un sentido represor, pero la verdad es que son palabras huecas y papel mojado. Las condiciones laborales y salariales, y los derechos sociales y profesionales de los docentes han sufrido un duro varapalo en muchos países. Se está retrocediendo años. España es un claro ejemplo en este retroceso de los derechos y de las condiciones laborales.

Tres años de movilizaciones contra la precariedad laboral, contra los recortes y contra las políticas educativas que están asestando un duro golpe a la calidad de la enseñanza. Tres años que han servido para reivindicar la importante función política, social y cultural que tienen los docentes. Tres años donde los profesores, junto a toda la comunidad educativa de España, se han convertido en el símbolo más importante de una sociedad que trabaja duro cada día por sus derechos y por una escuela pública de calidad.

A pesar de las enormes dificultades todos los días se lleva a cabo el esfuerzo universal de la enseñanza y del aprendizaje. La educación y la cultura se transmiten de generación en generación, junto con el amor por educar y la sed de conocimiento. Cuando se comparte conocimiento de manera solidaria, se adquieren aptitudes positivas y la vida puede cambiar.

En estos tiempos de duros ataques contra la educación pública como bien social, el papel del docente como agente dinamizador y de cambio es muy importante. El derecho a la educación, ha escrito Nadine Gordimer, es tan elemental como el derecho a respirar. La exclusión del sistema educativo, ha escrito Carlos Fuentes, es la razón primaria de la pobreza y la desigualdad. Es posible que el esfuerzo pedagógico y el compromiso social y político de los docentes sean, para muchas personas, el camino más corto hacia la prosperidad y la felicidad.

Pero son los movimientos sociales de amplio espectro los garantes del cambio. Solo cuando los docentes participan en movimientos sociales, más allá de su profesión, a favor de la justicia social y la igualdad, se consiguen éxitos verdaderos, y tiene más sentido que nunca su trabajo. Este 5 de octubre de 2102, Día Mundial del Docente, debe de ser, sobre todo, reivindicativo del trabajo de todos aquellos docentes que, a pesar de los ataques que están recibiendo por parte de un Gobierno que ha perdido la mesura, y en la desmesura todo vale, mantienen la ilusión y el optimismo por su trabajo.

Los docentes traducen el desarrollo cultural y científico en desarrollo humano, asegurando el derecho a la información y al conocimiento para que las personas se atrevan a vivir; para darles la posibilidad, a través de la educación, de salir de una realidad compleja que les condena a la miseria social y cultural. Porque las personas son siempre más importantes que los sistemas y los modelos. La educación es el camino de la docencia y la docencia lleva permanentemente a la educación.

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