La asignatura de Religión Católica, o la religiosidad a punta de pistola.

El gobierno del PP ha publicado en el BOE los currículos de la asignatura de Religión Católica para Primaria, Secundaria y Bachillerato. Una decisión que convierte la catequesis católica en materia de estudio y que colma algunas de las aspiraciones históricas de la Iglesia Católica española: que la religión sea una asignatura; que tenga una materia alternativa para legitimarla como oferta obligatoria en el currículo y que sea evaluable. Además las calificaciones de esta asignatura contarán para la nota media y para obtener una beca, después de mas de veinte años en los que no ha sido así.

IU denuncia en una nota de prensa lo siguiente. “Con la flexibilidad que otorga la LOMCE en este aspecto, las comunidades autónomas decidirán si imparten una o dos sesiones  de 45 minutos, que no se dedicaran a otras materias. De esta forma impartir religión restaría 70 horas de materias troncales u optativas.”

Los contenidos de la asignatura de Religión Católica, y supongo que no serán ajenos a los de su alternativa, corren por cuenta de la jerarquía eclesiástica en virtud de unos acuerdos preconstitucionales que se firmaron con el Vaticano. Prevalece el adoctrinamiento de forma exacerbada, y la evangelización a punta de pistola de los niños, las niñas y los/as jóvenes. Pero la fiesta la pagamos entre todos/as los/as contribuyentes a través del Estado. Pagamos las nóminas de los profesores de religión, que previamente elige la Conferencia Episcopal. Pagamos los despidos de esos profesores cuando así lo decide la jerarquía eclesiástica. Pagamos los libros de textos que sirven para adoctrinar al alumnado, muchas veces en contra de los principios más elementales de cualquier democracia. Y pagamos la difusión de las nefastas ideas de personajes como Rouco o el obispo de Alcalá de Henáres. El Estado se hace cargo de todo el tinglado reaccionario de estos obispos con privilegios propios de la Edad Media.

La Modernidad, contra la cual ha luchado hasta extremos inimaginables la Iglesia Católica, exige un sistema educativo público y laico que garantice la pluralidad democrática, la convivencia respetuosa, la cohesión social y la solidaridad. Cualquier gobierno de izquierda debe proceder inmediatamente a la derogación de los acuerdos con el Vaticano de la década de los setentas; a la supresión inmediata de la asignatura de Religión Católica como materia del currículo en horario escolar; y a regular la actividad educativa de la Iglesia Católica como una actividad laboral, estrictamente privada, a cargo de dicha empresa y sin fondos públicos. Cada cual se costea sus creencias y derivados.

Los príncipes de la Iglesia hace tiempo que dejaron de creer Dios, para invertir toda su fe en el negocio y en la influencia social y política que genera esta institución dos veces milenaria. La síntesis podría ser: las iglesias vacía, los colegios llenos, los bolsillos repletos y la religiosidad a punta de pistola.

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