participación crítica ante la debilidad moral del voto cautivo

Sólo siete países de la Unión Europea (UE) se han fijado los objetivos necesarios para impulsar el acceso a la universidad de los/as jóvenes de familias con menos recursos y más pobres. España no figura entre estos países. El gobierno del PP ha convertido la educación en un bien de consumo al que cada cual puede acceder en función de la cuenta corriente que maneje. La educación ya no es un derecho, y además no incumbe a la solidaridad ni a la cooperación, sino un problema individual que afecta al bolsillo de cada familia. Esta es la educación que la mayoría de la ciudadanía española ha refrendado con su voto en las elecciones al parlamento europeo. Una muestra de la debilidad moral de millones de personas que siguen avalando con su voto las políticas de exclusión social de grandes capas de la población. La mayoría sigue ciegamente rendida,  por completo, a un capital con las ideas muy claras pero carente de ética y moral. Me llama la atención que en las elecciones europeas el voto de castigo a los gobernantes que han esquilmado a tantos países, y a aquellos partidos políticos que han sido colaboradores necesarios, se haya traducido en voto a la extrema derecha. Parece claro que en países en otro tiempo modelos de sociedades democráticas como Inglaterra, Francia, Dinamarca  o Finlandia la alternativa para muchas personas sea más exclusión social, más recortes, más racismo, más xenofobia y muros más altos altos contra “el otro”, el que viene de fuera, o sencillamente el que es diferente. No necesitábamos alforjas para este camino de vuelta a la miseria moral y al feudalismo económico y político. Algunas ideas para nuevas formas de hacer política.  Los ingenieros pueden crea localizaciones, pero el tiempo es necesario para crear lugares. La sociedad civil debe recuperar el protagonismo en la construcción del bien común. Según Adela Cortina, “el uso público de la razón es -como sabemos- el síntoma esperanzador de una sociedad en vías de ilustración”. No todos los indicadores nos llevan a una desesperanza sin fin. Aloizio Mercadante atribuye a lo que llama “nueva cultura surgida del paradigma tecnológico” las siguientes características: la  horizontalidad, la  adaptabilidad, la flexibilidad y la cooperación, yo añadiría la solidaridad. Características que podríamos atribuir también a una nueva forma de construir día a día la política del futuro.  Además de  existe una instantaneidad en la interacción que no tiene paralelismo con otros tiempos ni otras formas de organización.  Estas características multiplican la cultura de una participación  crítica, no ciega, de la que tan necesitados andamos ya a estas alturas de la existencia, frente a la cultura de la desidia y el dejar hacer al gobernante por ti propia de esa mayoría silenciosa que tanto gusta al PP y que tanto daño hace al futuro de la sociedad. Pero no olvidemos que son los colaboradores necesarios.

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