No hay un paraíso al que volver

La organización escolar y la estructura curricular de la enseñanza obligatoria es selectiva y excluyente. Las etapas están excesivamente marcadas, y se impone una jerarquía de asignatura en los curriculo más propia de un a época industrial. Esta situación se va a agudizar con la LOMCE, una ley que ha recuperado todo aquello que fue descartado por poco efectivo y cea problemas que no existían  antes.

Para un gran numero de estudiantes el paso de la Primaria a la Secundaria es un salto al vacío sin paracaidas, y en muchos casos quedan abandonado a su suerte. He tratado a este tipo de estudiantes y la mayoría de ellos y de ellas son inteligentes, con buenas habilidades sociales y buenos comunicadores, sin embargo se ven superados por la estructura del sistema y por la burocracia.  Tendríamos que mordernos la lengua antes e hablar de fracaso escolar y de abandono. Tendríamos que ser más reflexivo a la hora de responder a la pregunta sobre el fracaso escolar: ¿quién fracasa? ¿Porqué se fracasa?. Especialmente en Secundaria se impone de manera aplastante el “resultadísmo”, rara vez se observan los procesos y se valora el esfuerzo. La educación deja de ser obligatoria para convertirla obligación  en una especie de castigo que nos lleva necesariamente a la selección.

La profesión docente tendría que dotarse de otro sentido distinto al de examinador de contenidos y al de controlador social, que potencia la LOMCE, el de la justicia social. Educar sigue siendo educar al que no sabe y educar al que menos sabe. este es el sentido social de al educación, hoy desterrado de las escuelas y de la sociedad.Nos hemos olvidado que la educación tiene que ver sobre todo con los derechos humanos universales  no tanto con la economía y las leyes de mercado. Es necesario un cambio en la cultura profesional de los docentes.

Por su parte las familias deben de jugar un papel más importante  a la hora de reforzar el sentido de justicia social de la profesión docente. Deben organizarse con los docentes y estudiantes en movimientos reivindicativos de amplio espectro. Es necesario redefinir el escenario de las relaciones entre las familias y el colectivo docente. Y es importante que los centros educativos den un giro de ciento ochenta grados a la organización escolar para posibilitar la participación real de las familias. Por cierto, esta última situación sería imposible si la negociación colectiva, los convenios sectoriales, no reconocen las horas necesarias para a los padres  y las madres para ejercer su derecho a participar en la educación de los hijos e hijas. Es decir si el conjunto de la sociedad no reconoce el valor de la educación.

Ahora el gran obstáculo para progresar adecuadamente es la LOMCE que agudiza todos los problemas pendientes de resolver y abre las puertas a otros que teníamos por superados. Pero como indica Mariano Fernández Enguita, suprimida la LOMCE no hay un paraiso al que volver.

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