los asesinatos de Lampedusa

Cuanto más información leo sobre la tragedia de los inmigrantes africanos ante las costas de la isla de Lampedusa, más se apoderan de mi las senciones de indignación, impotencia y terror. La alcaldesa de la isla, Giusi Nicolini escribió una carta a los dirigentes de la Unión Europea (UE) en la que se preguntaba “¿cuán grande tiene que ser el cementario de mi isla?”.

Lampedusa es ya una vergüenza para la Unión Europea. La legislación contra la inmigración de países como Italia, España o Francia y la permisiblidad de la UE nos ha convertido en complices del asesinato en masa de 350 personas: mujeres, niños y niñas y hombres. Según los medios de comunicación tres barcos pasaron cerca de los náufragos y no acudieron ante la llamada de socorro. Las leyes injustas, las leyes que nos convierten en la mano ejecutora de los poderosos contra los que son de nuestra misma condición hay que incumplirlas. Debemos objetar contra ellas. La legislación italiana, como la española, sobre inmigración es policial y represora además convierte a cualquier persona de bien que asista a un inmigrante “sin papeles” en un delicuente común. Hay que ser malvado para dictar y aprobar leyes de esta calaña, hay que ser un indecente para aplicarlas y ejecutarlas, y hay que ser un descerebrado temeroso de la vida para asumirla y obedecerla. ¡Hay que revelarse contra estas leyes asesinas que condenan a millones de personas en el mundo¡.

“Si el odio funciona es porque es el instrumento favorito de un tipo de guerra que suele pasar desapercibida: la guerra cultural” J.I. Torreblanca.

La cultura de la derecha neoconservadora que nos gobierna y que gobierna medio mundo es devastadora. Apuesta por la mayoría silenciosa y por la paz de los cementerios. La derecha es maestra en la fabricación de leyes de la infamia. Es una cultura política y social que fomenta la insolidaridad, “el cada uno en su casa y dios en la de todos”. La derecha fomenta la movilidad internacional de los capitales pero criminaliza la movilidad de las personas que solo pretenden una vida mejor. La derecha europea ha cerrado las puertas de la fortaleza en la creencia de que así preservará sus privilegios ante los pobres, y está empezando a utilizar a la extrema derecha como fuerza de choque ante una futura agudización de la lucha de clases.

Me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que los principales países que acogen refugiados procedentes de países muy pobres o en conflictos, son precisamente países tambien pobres, en vías de desarrollo o en conflicto (Paquistán, Iran, Etiopía, Turquía, Jordania, etc.) Alemania es el único país europeo entre los diez países que más srefugiados reciben. Según datos de el periódico El País el 55% de los refugiados del mundo procedían en 2012 de cinco países: Afganistán, Somalia, Irak, Siria y Sudán. Países pobres a los que las potencias europeas han hecho subir su particular calvario.

España también tiene su Lampedusa. Una legislación contra los/as inmigrantes que criminaliza a las personas que den asistencia o socorro a un inmigrante “sin papeles”. Una legislación que niega a los/as inmigrantes los derechos universales como la sanidad, la educación o la justicia. La noticia de la ciudadana africana que iba a ser deportada al país de procedencia, a pesar de que su marido tiene la residencia en España, enferma de cáncer y pendiente de un tratamiento que solo le pueden ofrecer en nuestro país es tan indignante y terrorífico como los asesinatos de Lampedusa.

Pero también es terrorífico e indignate leer en varios periódicos de hoy domingo que el PP recupara la intención de voto una vez que “el caso Bárcenas”, el señor que llenaba de forma ilegal los bolsillos a los/as dirigentes del PP Rajoy incluido, ha pasado a un segundo plano en los emdios de comunicación. Decía mi madre, que en paz descanse, que “no nos pasa más porque Dios no quiere”.

Por cierto cada vez tengo más claro que nos gobiernan unos antisistemas, sin papeles porque los perdieron hace tiempo, que sobrevieven gracias a nuestras debélidades, nuestros miedos y sobre todo nuestra imbecilidad.

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