LA NECESIDAD DE UNA REFLEXIÓN COLECTIVA

Hoy tener empleo no significa salir de la pobreza. Así están las cosas. En las crisis lo relevante no son las cifras sino las personas que la padecen, y éstas se han quedado fuera de las políticas de Estado. Sinceramente pienso, después de seguir el debate sobre el Estado de la Nación que el gobierno y gran parte de la oposición le han perdido el respeto a los ciudadanos y a las ciudadanas. A los/as desahuciados/as, a los que no tienen y no pueden pagar la sanidad, la educación, la justicia, la dependencia. A los pobres, a los que sufren. Un gobierno que no es capaz de responder a los más necesitados es un gobierno instalado en la inmoralidad.
Y no han terminado los recortes en el empleo ni de los derechos. Ni en la peor pesadilla habíamos soñado con un país de 6 millones de parados/as, más de 1.800.000 hogares sin nada que llevarse a la boca, y unos índices de pobreza infantil por encima del 25%, según el último informe de UNICEF. No hay salida en una austeridad producto de la política de motosierra. Estamos viendo que la crisis es la cohartada perefecta para imponer una agenda ideológica extremista en lo económico y aún más , si cabe, en lo social y cultural. Las políticas de recorte para reducir el déficit y la deuda pública está enriqueciendo a los ricos y empobreciendo a los pobres. No hay evidencia alguna de que esta política de austeridad sea la necesaria para salir de la crisis. Al contrario, esta causando estragos. En el último año se han destruido más de 900.000 puestos de trabajo, consecuencia directa de la reforma del mercado laboral del gobierno. Por otra parte, el PIB ha bajado 1% producto de las reformas económicas.
la crisis está consolidando un modelo económico manejado por determinadas élites, en el que desaparecen el derecho al trabajo y el derecho del trabajo. Y sobre todo subyace una visión reduccionista de la democracia. “La nueva economía” es un ataque directo contra el pacto social y la democracia partcipativa. Es un intento de poner bridas a la política, que incluye la neutralización de quienes puedan ofrecer una línea de resistencia a la misma. De ahí los durísimos ataques contra los sindicatos de clase CCOO y UGT, contra las llamadas “mareas” (verde, blanca, negras, etc); contra algunos y algunas de los actores que durante la última entrega de los premios Goyas de cine se atreverieron a levantar su voz por los que sufren y padecen la injusticia alevosa del gobierno. De ahi el mensaje claro y preciso a la sociedad: ¡cállate¡, sino el gobierno brazo armado de los poderosos saldrá a callarte, ¡y entonces verás¡.
La presión que ejerce la movilización social sostenida es muy importante para preservar los derechos y reivindicar un mundo mejor para todos y todas. La ciudadanía tiene que romper la barrera de la democracia formal, vota cada cuatro años y vete a casa, y confrontar con el gobierno para que sea consciente de que no va a permanecer en el papel de “mayoria silenciosa”. Los contrapesos son fundamentales en la política si queremos que la sociedad progrese hacia un futuro mejor. Y esto sólo se consigue desde movimientos sociales de amplio espectro, bien organizados y que tengan realmente claro lo que está en juego y cómo actuar.

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