La biblioteca como castigo al que no estudia Religión

Nos llega la información desde algunas organizaciones de padres y madres de alumnos y alumnas de la comunidad de Madrid, y también por parte de algunos docentes, que la alternativa de estudios a la clase de religión católica se convierte, en no pocos centros, en una hora de biblioteca donde el alumnado cumple con la rutina y el ritual de hacer copiados, sentados y quietos, rodeados de libros y material didáctico que no pueden tocar ni, por supuesto, leer. En la biblioteca ni se habla ni se lee ni se estudia. La biblioteca se convierte en un lugar de castigo para los alumnos y alumnas, y en un medio de represión para algunos docentes y equipos directivos.

El primer error está en tener un currículo con religión católica y una alternativa. La religión debe estar fuera del currículo, como una actividad extraescolar que las familias eligen libremente y pagan de su bolsillo. Los docentes de religión tienen que estar en nómina de la confesión correspondiente: Iglesia Católica, Protestante, Islam o Judaísmo.

El segundo error es mantener la biblioteca escolar como un lugar y una herramienta de trabajo ajena completamente al centro y a la organización del currículo. Bibliotecas mal dotadas, infrautilizadas y sin personal adecuado, que deberían convertirse en el eje vertebrador en el estudio y el conocimiento del currículo.

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