La FP Dual. Necesaria pero no suficiente

 El Consejo de Ministros aprobó la semana pasada un Real Decreto cuyo objetivo es la implantación de una Formación Profesional Dual, presumiblemente, inspirada en el modelo alemán. La Formación Profesional había sido una de las prioridades del Ministerio de Educación con el anterior Gobierno socialista, acometiéndose reformas llenas de sentido que situaban a la Formación Profesional en el ámbito del sistema educativo, prestigiaba esta etapa formativa y daba posibilidad de titulación y oficio a los jóvenes a través de un sistema de formación flexible y con un claro objetivo educativo. Una FP flexible y bien estructurada de acuerdo con el tejido empresarial español y las necesidades productivas del país.

Al actual Decreto hay que reconocerle el esfuerzo de intentar experimentar modelos alternativos pensando en la formación y en la empleabilidad de los jóvenes, un grupo social al que la crisis está castigando duramente. Pero también nos arroja dudas sobre el contexto donde ha de desarrollarse, así como en su aplicación y desarrollo.

EL CONTEXTO

La Lomce vuelve a situar la Formación Profesional en el margen del sistema educativo, sacrificando el prestigio y la calidad de esta etapa formativa tan importante a las necesidades de un Bachillerato de excelencia, más bien de élite. La Formación Profesional Obligatoria será un bálsamo para el Bachillerato y una máquina de exclusión que dejará fuera del sistema educativo, y al margen de la sociedad, a muchos jóvenes: sin estudios y sin trabajo. El prestigio de la Formación Profesional vuelve a estar en entredicho. El carácter educativo de esta etapa desaparece de un plumazo.

EL DECRETO

El primer problema que observamos es que se trata de una norma producto de la decisión del Gobierno, sin abrir una etapa de consulta previa con los sindicatos ni los empresarios, sin haber realizado una valoración detallada de las experiencias que sobre el tema existen en algunas comunidades autónomas, sin haber reflexionado, sin detenerse a valorar las reformas que ya había puesto en marcha el anterior Gobierno.

El Decreto plantea tres opciones. La primera es un contrato de aprendizaje y formación por parte de las empresas dirigido a los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Desconocemos el formato de estos estudios, así como la implicación de las empresas y el coste que financiar esta modalidad supondrá a las arcas públicas. Sí tenemos claro que esta modalidad aleja, aún más, a los jóvenes expulsados del sistema del derecho a una educación de calidad. Está por ver cuánto percibirán las empresas por esta modalidad y qué validez tendrán las certificaciones obtenidas en el mercado de trabajo.

La segunda modalidad es la Formación Profesional convencional con un 20% de formación en empresas y el resto en el instituto. El Gobierno no aclara si en esta opción las prácticas serán remuneradas, ya que las empresas se benefician de la productividad de estos jóvenes en formación. Nada sabemos del currículo ni de cómo se articularán teoría y práctica en la consecución de una educación integral de la persona.

La tercera alternativa es la Formación Profesional Dual inspirada en el modelo alemán. Desconocemos cómo se va a articular y sobre todo qué papel tendrán las empresas españolas. En Alemania la FP Dual corre a cargo de las Cámaras, es decir, de los empresarios que entienden la FP como una importante inversión, esencial para la competitividad de las empresas. En España la situación es diferente. Las empresas españolas han sido, hasta ahora, beneficiaras de más subvenciones estatales que promotoras de inversión. Las dos grandes preguntas a responder son: ¿las empresas están dispuestas a hacer un esfuerzo mucho mayor del que han realizado hasta ahora como elementos dinamizadores de la Formación Profesional? y ¿están dispuestas a invertir en FP asumiendo la carga económica más importante de la formación de los futuros empleados?

“No es esa la cultura que ha predominado hasta ahora en España, donde no abundan los empresarios dispuestos a invertir en un tipo de intangibles que no están seguros de poder capitalizar. Así lo ha demostrado el plan de formación aplicado por el Gobierno vasco, cuyos resultados han quedado lejos de lo esperado por falta de compromiso empresarial” (Editorial de El País 11/11/2012).

Nada sabemos sobre la posición de las empresas, ni de la CEOE, que es la asociación empresarial interlocutora del Gobierno. Resulta llamativo que en la entrevista realizada por el diario El País al actual presidente de dicha organización, Juan Rosell, no se dedique ni un minuto a un tema tan importante como es el de la Formación Profesional.

NO TODO DEPENDE DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL

La Formación Profesional Dual es muy importante, pero no es necesariamente suficiente. El modelo de crecimiento y el tejido productivo español han condicionado al sistema educativo. Especialmente por el gran desajuste que existe entre unos y otro, explicado en la escasa coordinación y la poca responsabilidad compartida a la hora de formar capital humano e imaginar un sistema productivo más humano y sostenible. El actual modelo de crecimiento es una máquina de exclusión social y empobrecimiento de la mayoría de los ciudadanos.

El capital humano es determinante en el funcionamiento del mercado de trabajo, en los niveles de renta per cápita de una sociedad, en la productividad y en el crecimiento económico a largo plazo. Aquellos países con mayor capital humano y con mayores niveles de educación son los que aguantan mejor la crisis y tienen menores tasas de desempleo. La Formación Profesional, obligatoria, convencional o dual, poco aportarán si no se articulan políticas globales en las que educación, investigación, innovación, inversión, participación y proyecto social interactúen para conseguir un tejido social dinámico, un sistema productivo y un crecimiento sostenibles, y un mercado laboral donde prime la calidad del puesto de trabajo y la formación excelente del capital humano.

Hoy creemos que no se dan ninguna de estas condiciones. La FP Dual pudiera ser una isla, fácilmente inundable, en medio de un océano embravecido por las políticas sociales y económicas del Partido Popular que, de momento, siguen siendo una maquinaria precisa de exclusión educativa, laboral y social.

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