La financiación como reto

En el editorial anterior destacábamos la necesidad de acuerdos amplios y duraderos en el tiempo entre la comunidad educativa y el Gobierno. Además de la necesidad de dotar de sentido y propósito a la educación más allá de la economía y el mercado. La financiación es otro de los elementos fundamentales para el sistema educativo.

La financiación, que nunca dejó de ser un reto para la política educativa española, en este momento es un problema. El esfuerzo inversor ha sido muy importante en los últimos 30 años, pero desde 2009 la tendencia es decreciente. Según estimaciones de organismos internacionales y de estudios nacionales, para 2014 la involución del gasto en educación situará la inversión en los niveles de los años 80, un 3,9% del PIB. Una enseñanza de calidad es cara. Niveles como los de Educación Infantil o Formación Profesional, por poner dos ejemplos, son especialmente costosos.

La situación actual es preocupante. Es cierto, como explica el profesor José Saturnino, que a partir de cierto umbral de inversión “más dinero no se transforma necesariamente en mejores resultados académicos, pero lo que no se conoce es ningún sistema educativo que resista sin tensiones ‘el tijeretazo’ en tan poco tiempo”. El esfuerzo inversor no se ha transformado de manera clara y rotunda en una mejora del rendimiento académico, pero tampoco lo ha empeorado. Mantener el esfuerzo presupuestario durante 30 años ha servido para convertir una escuela estatal mal dotada y peor considerada en un proyecto de escuela pública conforme dictaban los nuevos tiempos: nuevas infraestructuras, atención personalizada al alumnado que más lo necesitaba, dotación de plantillas, incorporación de nuevos perfiles profesionales a los centros, ampliación de los recursos materiales y didácticos, e inversión en TIC. En definitiva, atención a la diversidad y respeto a las diferencias en una población infantil y joven, escolarizada obligatoriamente hasta los 16 años.

Se nos olvida que, según todos los informes internacionales, la equidad es una de las señas de identidad del sistema educativo español. En España no se ha despilfarrado el dinero de la inversión educativa. Esta tesis manifestada por algunos políticos y medios de comunicación no tiene un solo argumento consistente. Es más, creemos que no tiene el aval de ninguna Consejería de Educación de las comunidades autónomas, que en definitiva son las que han mantenido el grueso de la inversión educativa.

Recortar no es priorizar. Para priorizar hay que detectar y consensuar con la comunidad educativa aquellos objetivos susceptibles de aumentar el esfuerzo inversor y aquellos otros en los que se debe mantener la inversión o incluso se pueda rebajar coste, pero nunca eliminarlos. En educación, el Gobierno ha elegido la política de la “motosierra” en vez de la del bisturí.

La financiación es un reto. Y el compromiso de financiación es clave para que un pacto de Estado por la educación sea creíble. Es una necesidad crear un fondo interterritorial, una caja común, para que el Gobierno de la nación pueda implantar y desarrollar políticas educativas capaces de dinamizar el sistema en su conjunto, y de reequilibrar las diferencias que existen entre las comunidades autónomas. Un fondo interterritorial cuyos fundamentos deben ser el compromiso, la corresponsabilidad, la cooperación y la solidaridad. En definitiva, la financiación es uno de los instrumentos que se reserva el Gobierno para favorecer la vertebración del Estado y garantizar el equilibrio entre comunidades autónomas.

Además, la financiación del sistema educativo es fundamental para afrontar los tres retos más importantes que tiene España, de acuerdo con los objetivos europeos para 2020. El primero es mejorar el rendimiento de todos los alumnos y alumnas de la educación obligatoria. El éxito educativo ha de ser el principal objetivo de la escuela pública. El segundo, el reducir el abandono escolar temprano, es decir, que al menos el 90% de los jóvenes sigan estudiando al finalizar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional. El tercero es incrementar y mantener las políticas socioeducativas (becas de todo tipo, refuerzos, personal especializado de apoyo para alumnado en desventaja, recursos materiales, etc.) para garantizar la igualdad de oportunidades desde la equidad, un elemento fundamental en la protección de la infancia y que hoy es más necesaria que nunca.

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La educación necesita de acuerdos, sentido y propósito

ACUERDOS

La semana de huelga convocada por los padres y madres de alumnos y por el alumnado de Enseñanza Secundaria y enseñanza postobligatoria se ha cerrado con una ruptura total del diálogo y de cualquier negociación con el Ministerio de Educación. Las principales organizaciones estudiantiles y la Ceapa, asociación mayoritaria de padres y madres, han abandonado la permanente del Consejo Escolar del Estado. El próximo 14 de noviembre hay convocada una huelga general en toda España que apoyan, sin fisura, los sindicatos mayoritarios del sector de la enseñanza. El actual escenario era desconocido para la sociedad española. En unas ocasiones con más problemas, en otras con menos, en los últimos 30 años el acuerdo ha sido uno de los soportes para el desarrollo de las políticas educativas promovidas desde el gobierno de turno. Podríamos decir que la cultura del consenso ha funcionado la mayoría de las veces entre la comunidad educativa y el gobierno. La situación actual es inédita. ¿Quién da más en once meses de Gobierno?

La educación necesita acuerdos. Es un proceso de mejora continuada. Hay que tener capacidad para reflexionar colectivamente y entenderse. El Gobierno no considera la educación como parte de los consensos básicos que permiten estabilidad. La LOMCE se impone al margen del consenso político y esto, de antemano, la convierte en una ley efímera marcada por la provisionalidad.

 SENTIDO Y PROPÓSITO

Existe una creciente colonización de la política educativa por parte de la economía. Hay una invasión conceptual y terminológica. Al mismo tiempo, la educación, en el marco de la economía globalizada, cada vez despierta más el interés financiero. La educación como empresa privada y la gestión privada del dinero público que se invierte en educación. Hay quienes critican al sector público y sostienen que la educación necesita el incentivo del mercado y la presión de la competencia para mejorar y renovarse.

Existe una fuerte tendencia ideológica que trabaja en una profunda reforma del sector público de la educación orientada hacia el mercado. El primer párrafo del preámbulo de la LOMCE destaca la importancia de la educación en el sistema productivo: “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad para competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen a futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito de la educación supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”. El ideal de educar es promover la competitividad y fomentar el individualismo. Formar al empleado modélico y al buen consumidor. La LOMCE explica la importancia del output (resultados de los estudiantes) y no del input (inversiones, plantillas, ratios, números de centros, etc.). Y por primera vez se habla de “beneficiarios” (art. 2.bis, 1), en vez de personas acreedoras de un derecho universal y gratuito. La introducción de este término es muy importante. En España ya hay sectores de la población que han dejado de ser “beneficiarias” de la sanidad gratuita.

Ni los mercados ni la ética comercial colocan la igualdad y el conocimiento por encima del lucro. “Poblaciones enteras no encajarán en un universo educativo que hace de la competencia el principal rector de progreso. Otro motivo de inquietud en una enseñanza cuyas únicas justificaciones son económicas es que los valores ciudadanos no son cuantificables. El hecho de fomentar cada vez más el individualismo solo puede acentuar una indiferencia cívica, cuyas proporciones ya se consideran inquietantes”. (Dorothy Shipps. “La voz de los empresarios”. El Correo. Unesco. 2002).

El propósito de la educación se reduce a satisfacer estrictos objetivos económicos y laborales, llegándose a confundir lo que se propone para la educación con la política de empleo. La educación tiene que tener otro sentido y otro propósito.

Hay que devolver al sector de la educación la capacidad para solucionar los temas que le son propios. La economía es muy importante – ¡qué duda cabe!–, pero debe ser el compromiso social el que guíe el discurso sobre la educación como servicio público universal y gratuito. Discurso que debe influir en dar nueva vida a la democracia participativa.

Es preciso un análisis diferente de la educación que descarte la metáfora del fracaso escolar como fracaso económico y laboral, y aborde los problemas del sistema educativo como otros tantos síntomas de la degradación cívica a la que nos está llevando la economía globalizada gestionada por los neoconservadores.

Una semana de movilizaciones en la enseñanza

 A las movilizaciones de los docentes durante todo el curso pasado, y a la agenda de huelgas y manifestaciones para este curso, se suman el alumnado y las familias. El Sindicato de Estudiantes, las asociaciones de estudiantes y la Ceapa, asociación mayoritaria de padres y madres de alumnos, han convocado una semana de movilizaciones contra la política educativa y los recortes en el sector de la educación. Movilizaciones que han contado con el apoyo de todos los sindicatos del sector. En una convocatoria de huelga inédita, el jueves 18 de octubre Ceapa ha hecho un llamamiento a las familias españolas para que no llevaran a sus hijos e hijas a la escuela.

Las protestas de la comunidad educativa van dirigidas contra los duros recortes que está sufriendo la escuela pública, el encarecimiento generalizado de los servicios y los bienes relacionados con el sector de la enseñanza y contra el modelo educativo que recoge el anteproyecto de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) que puede dejar a muchos jóvenes en el camino. Una escuela burocratizada, homogénea, centralizada, pensada para unos pocos y en manos del Estado ya no es una opción para la mayoría de una sociedad diversa, flexible y libre, cuya característica más importante es el cambio permanente. Todo lo que está sucediendo en el sistema educativo español nos aleja de los retos de la sociedad del siglo XXI; y, además, quiebra el principio de equidad que tanto nos ha costado conseguir y es una vuelta atrás en el objetivo de una escuela inclusiva.

Recortar no es priorizar. Bien es cierto que más dinero no se transforma necesariamente en mejores resultados educativos, pero como afirma el profesor José Saturnino Martínez, “no se conoce ningún sistema educativo que resista sin tensiones ‘el tijeretazo’ en tan poco tiempo”. Nuestros gobernantes, imponen las leyes al margen del consenso político y social sin abrir un período de diálogo con la comunidad educativa y con todas las fuerzas sociales y políticas. La educación no se entiende como una tarea compartida colectivamente que tiene como objetivo la mejora continuada. La educación no forma parte de los consensos básicos y esto, como apunta el profesor Antonio Bolívar, predice de antemano el carácter efímero y provisional de cualquier ley.

Es importante que el colectivo docente se integre en movimientos sociales de mayor alcance político y social, y que sea el conjunto de la comunidad educativa quien reclame una enseñanza pública de calidad. Porque son los movimientos sociales de amplio espectro los que consiguen avanzar en las propuestas de mejora consolidando unas y reivindicando otras. Se trata de sumar objetivos comunes.

Cuando gobierna la idea de misión

PP y CiU son dos trajes de la misma calidad y caída, pero con distinto corte. Las palabras del ministro de Educación sobre la necesidad de españolización del alumnado catalán, y los constantes amagos de CiU sobre la catalanización total del sistema educativo, significan gobernar desde una idea de misión transcendental. Son momentos estelares de una política “rosa”, frívola y mentirosa; pero muy útil para enarbolar banderas, movilizar a los sectores más ortodoxos y conservadores de cada bando, y dar titulares a los periódicos. Y, sobre todo, es muy útil para tapar las vergüenzas de una política de recortes sociales contra la clase trabajadora, menos favorecida, como la que están llevando a cabo los gobiernos del PP y CIU, aniquilando el débil Estado del bienestar que, con mucho esfuerzo, se había conseguido en los últimos 30 años.

Tanto en Cataluña como en el resto de España, la desigualdad es creciente. Los desequilibrios en las relaciones sociales están desencadenando patologías psicosociales. Lo que está pasando es muy preocupante. UNICEF alerta sobre los más de 2,5 millones de niños y niñas por debajo del umbral de la pobreza. En informes recientes, organismos internacionales como la Unesco y la ONU llaman la atención sobre el gran aumento de las diferencias sociales y el empobrecimiento progresivo de la sociedad española. En España se producen 526 desahucios diarios. Según la encuesta de condiciones de vida realizada por el Institut d´Estudis Metropolitans (IERMB), el 29,5% de los catalanes viven en riesgo de pobreza, uno de cada tres, y la población necesitada ha subido cinco puntos durante la crisis económica. El último informe del Síndic de Greuges destaca que en Cataluña hay 285.000 menores de 16 años (23,7%) pobres o en riesgo de pobreza. La situación es tal que, según explica Montserrat Ros, secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO (ESCUELA número 3.957), “los docentes empiezan ya a luchar más por exigir políticas socioeducativas que en defensa de su propio sueldo”.

La escuela pública, presionada y estresada por los recortes y las políticas educativas de PP y CiU, está contra las cuerdas. Ahora también se ve metida de lleno en la extravagante cartografía política española que le empuja a convertir la cultura pedagógica y el objetivo social de educar para una ciudadanía responsable, en un ideal de misión comparable a la evangelización. Cuando la escuela pública, espejo de la diversidad, debe ser uno de los elementos más importantes para la convivencia y la cohesión social. ¿Exactamente para qué sirve españolizar y catalanizar? ¿Importa el tipo de sociedad? El nacionalismo, español o catalán, ¡qué más da!, es un acto de fe. De religiosidad ciega. El filósofo Manuel Cruz hace una pregunta en su artículo de El País “Independencia: ¿para qué exactamente?” (6/10/2012) que se puede dirigir tanto al españolismo del PP como al catalanismo de CiU. “¿Resulta creíble que vayan a llevarnos a esa nueva tierra prometida los mismos conservadores que a lo largo de los últimos dos años –un año si nos referimos al PP– han alardeado de su firme determinación para recortar en educación y en sanidad, que tanto se han afanado en golpear a los sectores más deprimidos, mientras se apresuraban a eliminar cualquier carga impositiva a quienes reciben en herencia las mayores fortunas?”.

Los nacionalismos que esgrimen PP y CiU son azotes de la clase trabajadora, de los pobres, y servidores de los ricos. Intensifican, interesadamente, la efervescencia nacionalista y la política del desencuentro en vez de procurar despensa, salud, educación y una buena convivencia para toda la ciudadanía. Por eso, quienes los proclaman, de manera interesada y partidista, son perversos, demagogos, ignorantes y gente de mala fe.

Adiós a un educador y a un ciudadano

El fallecimiento de Luis Gómez Llorente priva a la educación española de uno de sus más destacados referentes; y a la escuela pública, de uno de sus más tenaces defensores. Su figura aúna la participación en la vida política en busca de una sociedad democrática y la reflexión intelectual en pos de una enseñanza pública científica, laica, gratuita, democrática y comprensiva. Su interés por intervenir en la sociedad se despertó en fecha muy temprana. Siendo estudiante universitario, se involucró de una manera decisiva en la lucha de finales de los años 50 contra la dictadura franquista y luego tuvo un papel destacado en las filas del PSOE, en donde en 1979 pugnaría con Felipe González a cuenta de sus enfrentadas visiones de lo que debía ser un partido socialista en una democracia que echaba a andar. En esa faceta política, sería diputado en las dos primeras legislaturas (1977-1982) y vicepresidente del Congreso, además de miembro de la Comisión Constitucional y de la de Educación. No en vano, el artículo 27 de la Constitución, en el que se recogen la libertad de enseñanza y el derecho a la educación, le debe mucho a Luis Gómez Llorente.

Antes de su breve paso por el Parlamento, en 1974 había sido elegido vicedecano del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados de Madrid, en la candidatura progresista encabezada por Eloy Terrón. En aquellos años del tardofranquismo, y a falta de otras instancias aún no permitidas, el Colegio de Doctores y Licenciados jugó un papel decisivo en las reivindicaciones colectivas del profesorado. Apenas muerto el dictador, en 1976 el Colegio aprobó un documento titulado Alternativa democrática para la enseñanza, en el que, entre otras cosas, se abogaba por una concepción de la educación como servicio público a cargo del Estado y se reivindicaba la gestión democrática de los centros.

Pero antes y después de esa efervescencia política y esa presencia en el primer plano de la actividad pública, Luis Gómez Llorente fue, a todas luces, un extraordinario profesor tanto para los alumnos de la academia privada Dobao-Díaz Guerra, primero, como después para los del IES Severo Ochoa y los del Virgen de la Paloma, de Madrid. Afiliado a FETE-UGT, desarrolló una importante tarea de análisis de la política educativa reciente, que expuso en numerosas charlas y conferencias, así como en minuciosos textos en los que diseccionaba con sabiduría un artículo de ley o una propuesta ministerial. Patrono de la Fundación Educación y Ciudadanía, fue también un incansable defensor del laicismo –un laicismo no antirreligioso, sino respetuoso con cualquier forma de religiosidad–, y uno de los impulsores de la asignatura Educación para la Ciudadanía, tan combatida con argumentos ridículos por los sectores más reaccionarios. Cuando se presentó dicha Fundación, Gómez Llorente recordó que no puede existir una “verdadera educación si le falta el ser para la ciudadanía, y no hay plenitud de la condición ciudadana si le falta al espíritu la luz y el color que otorga la educación”. Educación, ciudadanía: dos conceptos que se implican recíprocamente y que, como siempre advertía, no pueden existir el uno sin el otro. Luis Gómez Llorente fue un educador ejemplar y un ciudadano magistral. Pero también un educador magistral y un ciudadano ejemplar. Su legado intelectual será fecundo.

La crisis Erasmus. La UE no cree en la educación

Justo cuando se cumple 25 años de la creación de los Erasmus, la crisis económica y la dificultad para articular políticas educativas comunes en la Unión Europea amenazan con echar el cierre al proyecto socioeducativo más importante del continente. El programa Erasmus ha permitido durante las dos últimas décadas la movilidad y autonomía de cientos de miles de estudiantes de todas las condiciones sociales. España ha sido uno de los países más beneficiados tanto como receptor de estudiantes de otros países de la UE, como emisor. Erasmus es, quizás, el único programa que daba a la educación una dimensión europea. Y es que la educación y la cultura carecen de políticas comunes en el ámbito de los 27 países que componen la UE.

El programa Erasmus se puede considerar como una isla en un inmenso océano. La educación sigue siendo competencia de los estados miembros. No existe una agenda de trabajo con bases jurídicas y presupuestarias que obligue a todos los países de la UE a trabajar con objetivos comunes. La última resolución, cumbre de Lisboa, ratificó esta situación al declarar la educación como un asunto de cada país miembro. La conciencia de una ciudadanía europea no se forja desde los mercados, insolidarios, ni desde la moneda única, sino desde la educación y la cultura. La educación es una de las variables claves para la construcción de sociedades más justas y solidarias. Y este es el gran desafío que en la actualidad tienen por delante los países miembros de la UE. Si Europa no es capaz de asentar una conciencia de ciudadanía entre sus millones de habitantes, no será capaz de construir un futuro común ni de erradicar los vaivenes políticos y económicos a las que se ve sometida por el juego político-económico de unos países contra otros, situación que venimos sufriendo con toda su crudeza desde hace cuatro años. Si el presente de la UE provoca desilusión, el futuro genera incertidumbre y temor. Como ha escrito Juan Carlos Tedesco, “la educación es el lugar donde se expresan más concretamente las consecuencias sociales de la ruptura con el pasado y la ausencia de futuro”. La UE paga su falta de iniciativa común en el ámbito de la educación con la inexistencia de un tejido social europeo que se reconozca como tal. La UE es un proyecto gobernado por los mercados ante la ausencia de una ciudadanía responsable y socialmente cohesionada.

Tras 25 años, las dificultades por las que está pasando el programa Erasmus debido a la falta de fondos para financiarse, es un emblema de lo que esta sucediendo en la UE, cuyos países miembros están marcados por un fundamentalismo autoritario cuya seña de identidad es la democracia formal, donde el ciudadano vota cada cuatro años –por cierto, para elegir a los diputados que componen el Parlamento Europeo difícilmente llega al 50% la participación ciudadana–, y por un individualismo asocial que conforman una sociedad muy alejada de la equidad y la justicia social. El ciudadano sobre papel, en la práctica es un recurso humano, cliente y consumidor.

La importancia de reivindicar la docencia

El 5 de octubre se celebra el Día Mundial del Docente, una iniciativa que surge en 1996 auspiciada por la Unesco. En 2012 esta celebración adquiere un significado especial, sobre todo de reivindicación, porque las duras políticas de recortes emprendidas por muchos países del mundo –en una mano la tijera y en la otra Hayek– están dificultando, aún más, una profesión ya de por sí compleja como es la docencia.

Mucho se habla de la importancia de los docentes para el futuro de un país o sobre la necesidad de reformar su autoridad, casi siempre en un sentido represor, pero la verdad es que son palabras huecas y papel mojado. Las condiciones laborales y salariales, y los derechos sociales y profesionales de los docentes han sufrido un duro varapalo en muchos países. Se está retrocediendo años. España es un claro ejemplo en este retroceso de los derechos y de las condiciones laborales.

Tres años de movilizaciones contra la precariedad laboral, contra los recortes y contra las políticas educativas que están asestando un duro golpe a la calidad de la enseñanza. Tres años que han servido para reivindicar la importante función política, social y cultural que tienen los docentes. Tres años donde los profesores, junto a toda la comunidad educativa de España, se han convertido en el símbolo más importante de una sociedad que trabaja duro cada día por sus derechos y por una escuela pública de calidad.

A pesar de las enormes dificultades todos los días se lleva a cabo el esfuerzo universal de la enseñanza y del aprendizaje. La educación y la cultura se transmiten de generación en generación, junto con el amor por educar y la sed de conocimiento. Cuando se comparte conocimiento de manera solidaria, se adquieren aptitudes positivas y la vida puede cambiar.

En estos tiempos de duros ataques contra la educación pública como bien social, el papel del docente como agente dinamizador y de cambio es muy importante. El derecho a la educación, ha escrito Nadine Gordimer, es tan elemental como el derecho a respirar. La exclusión del sistema educativo, ha escrito Carlos Fuentes, es la razón primaria de la pobreza y la desigualdad. Es posible que el esfuerzo pedagógico y el compromiso social y político de los docentes sean, para muchas personas, el camino más corto hacia la prosperidad y la felicidad.

Pero son los movimientos sociales de amplio espectro los garantes del cambio. Solo cuando los docentes participan en movimientos sociales, más allá de su profesión, a favor de la justicia social y la igualdad, se consiguen éxitos verdaderos, y tiene más sentido que nunca su trabajo. Este 5 de octubre de 2102, Día Mundial del Docente, debe de ser, sobre todo, reivindicativo del trabajo de todos aquellos docentes que, a pesar de los ataques que están recibiendo por parte de un Gobierno que ha perdido la mesura, y en la desmesura todo vale, mantienen la ilusión y el optimismo por su trabajo.

Los docentes traducen el desarrollo cultural y científico en desarrollo humano, asegurando el derecho a la información y al conocimiento para que las personas se atrevan a vivir; para darles la posibilidad, a través de la educación, de salir de una realidad compleja que les condena a la miseria social y cultural. Porque las personas son siempre más importantes que los sistemas y los modelos. La educación es el camino de la docencia y la docencia lleva permanentemente a la educación.

Premios Acción Magistral 2012

La Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción (FAD) ha concedido los premios Acción Magistral 2012 a los centros Gabriel Vallseca, Es Pont, Joan Capó y Joseph Sureda i Blanes de Palma de Mallorca, y al CEO Zambrana de Valladolid, además de cuatro menciones honoríficas a centros de Andalucía, Rivas Vaciamadrid (Madrid), A Coruña y Santurce (Vizcaya). Estos galardones reconocen los proyectos que promueven el desarrollo de valores y contribuyen a prevenir conductas de riesgo social, como el consumo de drogas, la violencia en las aulas o el racismo.

En total, 20 finalistas elegidos entre los cerca de 500 centros participantes en toda España. Un récord que, en unos tiempos tan duros como los que está viviendo la docencia, desmiente las campañas de descrédito que contra el trabajo y la credibilidad de los docentes se han hecho desde algunas administraciones educativas, por ejemplo la Consejería de Educación del Gobierno regional de Madrid y el Ministerio de Educación del Gobierno de España.

Todos los proyectos presentados hubiesen sido merecedores de un premio, por el valor de su trabajo; por la implicación personal de los docentes que no limitan su actividad a cumplir el horario laboral; porque son capaces de seguir dándole valor al contenido de aquello que hacen, hundiéndose en la realidad de los otros a pesar de aquellos que pretenden hacer de la institución escolar una fábrica de excluidos. Porque estos docentes son conscientes que replegarse sobre sí mismos y limitarse a dar las horas de las materias instrumentales mirando para otro lado o tapándose la nariz es un escándalo moral que descapitaliza a la sociedad y empobrece al individuo.

Enseñar al que menos sabe, enseñar al que no sabe y más lo necesita. “No creo que pueda concebirse de otro modo el oficio de maestro. Todo lo malo que se dice de la escuela nos oculta el número de niños que ha salvado de las taras, los prejuicios, la altivez, la ignorancia, la estupidez, la codicia, la inmovilidad o el fanatismo de las familias” (Pennac). ¿Cuánto vale la gratitud de un abrazo?

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