El currículo como problema

La dispersión de contenidos, cuya foto fija es la frase “tenemos 17 sistemas educativos diferentes”, es un mito manejado y difundido, abusivamente, por los sectores más conservadores de la sociedad, de los medios de comunicación y de la política española. Los buenos resultados que presentan una mayoría amplia de las comunidades autónomas desmienten la teoría de que el sistema educativo español es malo y atrasado. Los resultados presentados recientemente por la OCDE correspondientes a los últimos tres años nos muestran que el sistema educativo español ha progresado adecuadamente.

En un mundo globalizado apostar por una mayor concentración y centralización de los contenidos es apostar por la uniformidad, la rigidez y la burocracia frente a la flexibilidad, la autonomía y la libertad de enseñanza. Es una respuesta equivocada provocada por la agenda ideológica.

El Gobierno reduce la reflexión sobre el currículo (los contenidos) a un asunto burocrático con marcado carácter político, que para nada responde a las necesidades de formación de los niños y los jóvenes. Su actitud intervencionista imponiendo entre el 65% y el 75% del currículo a las comunidades autónomas no responde a las preguntas que verdaderamente interesan a una mayoría de la sociedad: ¿qué currículo necesitamos? ¿Quiénes deciden el currículo? ¿Cuál es el procedimiento para su mejor implantación y desarrollo?

El currículo sigue siendo un problema sin resolver. No es cuánto más currículo impongo, sino cómo lo dinamizó y lo adapto a las exigencias y necesidades futuras de las nuevas generaciones. Hay que reformar la estructura del currículo. Introducir metodologías activas de trabajo con el alumnado y entre los docentes. Otorgar un papel diferente a la evaluación del que recoge el Gobierno en el anteproyecto de ley orgánica. Y organizar el currículo por áreas de conocimiento. Que la interdisciplinariedad y el aprendizaje cooperativo sean las bases para la adquisición de conocimientos, habilidades, destrezas y valores.

La jerarquía en los contenidos curriculares que plantea el Gobierno en el anteproyecto de ley corresponde a una idea de la era industrial sobre aquellas asignaturas, unas pocas, que se consideran necesarias para triunfar en la vida laboral y en la economía. Las llamadas materias instrumentales (lengua y matemática) están relacionadas con el conocimiento “útil” y “objetivo”. Con la formación de obreros y consumidores. Minimizar la presencia de otras importantes áreas del conocimiento no hace sino empobrecer la educación y la cultura de los jóvenes, que seguirán recibiendo las mismas enseñanzas que sus padres y sus abuelos.

Lo más bonito de la educación está en la experiencia. En la búsqueda de respuesta. La propuesta curricular del Gobierno, rígida y de poco alcance, sacrifica la magia de los procesos de aprendizaje en aras de los resultados academicistas. Muchos talentos se quedarán por el camino.

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