Un inicio de curso diferente

El inicio de curso escolar 2012-2013 es distinto a otros cursos escolares pasados. El argumento de la crisis económica marca la política educativa. El Gobierno no ha querido, o no ha sabido, aislar el sistema educativo de los duros recortes ni de las iniciativas fuertemente ideologizadas que pueden transformar de manera radical el trabajo en los centros educativos, después de 30 años de grandes esfuerzos para intentar equipararnos con los países más avanzados de nuestro entorno. El mercado se ha colocado por encima del sistema democrático. Para algunos gobernantes españoles la educación ha dejado de ser un bien básico. La educación está dejando de ser un derecho y, por tanto, un bien público.

Se niega el derecho al conocimiento. Se traza una barrera sobre la escolaridad gratuita, pública y universal. Buena parte de los desarrollos pedagógicos van a quedar en manos del voluntariado, movido por la caridad. A diferencia de la solidaridad, la caridad no cambia nada.

No hay mochilas que estrenar, ni libros nuevos ni material didáctico. No se podrán elegir actividades extraescolares ni complementarias. No hay refuerzos ni desdobles. No hay planes ni medidas de apoyo para el alumnado socialmente más desfavorecido. Se han esfumado las políticas socioeducativas. No hay más docentes que los que quedan. Solo en las secciones dedicadas a uniformes escolares por los grandes centros comerciales se hace notar el inicio de un nuevo curso, como en las grandes firmas de moda, aquí no hay crisis. Se puede decidir y elegir. La libertad de elección de centros y de enseñanza es para quien se la puede pagar. Lo demás será entretener a los niños y los jóvenes en espacios cerrados. ¿Tendremos que solicitar en algún momento los kits escolares que Unicef envía a los países en vías de desarrollo? Algunos expertos en política educativa e inversiones públicas ya han señalado que España ha entrado en una situación de emergencia educativa.

Esta es la coordenada inédita de un inicio de curso original, que en realidad son dos inicios de curso: la educación de calidad es para quien se la puede pagar. Nuestros gobernantes deberían leer menos a Hayek y más a Kant, Humboldt o Rawls.

Estos buscaban personas libres, el primero otra cosa. Quizás consumidores en una democracia vigilada por el mercado.

Los docentes deben cerrar filas y hacer del compromiso político y social los fundamentos de su trabajo. Hoy se requieren grandes dosis de cooperación y de solidaridad; de debate, de análisis, de reflexión y de organización. Enseñar es sobre todo enseñar al que no sabe y enseñar al que menos sabe. No cabe la resignación, sino la resistencia y la reivindicación. Ni los problemas ni los retos son nuevos, pero el conocimiento de la historia, la gran cantidad de estudios que proporcionan las Ciencias Sociales y las nuevas herramientas de comunicación e información, nos permiten acciones nuevas, bien fundamentadas; y soluciones más originales y, sobre todo, más justas.

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