Una reforma sin apoyos

El Ministerio de Educación presentó a las consejerías el miércoles 18 las líneas maestras del nuevo proyecto de reforma del sistema educativo. Un proyecto que nace con el rechazo de los sindicatos del sector y de las organizaciones mayoritarias y más representativas de estudiantes y padres y madres, así como de las Escuelas Católicas. Todas estas organizaciones han manifestado el elevado coste social, académico y económico que va a suponer acometer una reforma como la planteada por el Gobierno. La gran mayoría de la comunidad educativa cree que no es necesaria porque las urgencias y los retos del sistema educativo son otros bien distintos.

La recuperación de las reválidas en Primaria, Secundaria y Bachillerato; la reducción de la optatividad y el aumento de las horas lectivas en las materias instrumentales (Matemáticas, Lengua e idiomas); la implantación de itinerarios en edad temprana; o volver a convertir la FP en el “cajón de sastre” del sistema son medidas pocos significativas cuya efectividad no está avalada por estudios ni investigaciones. No aportan nada en la mejora del sistema educativo y, además, en España es un camino ya andado y cuyos resultados negativos están sobre la mesa. Los asesores y cargos ministeriales deberían tener más conocimiento de la historia y del estado de las investigaciones sociales.

Más reválidas no significa alumnos mejor preparados ni más cualificados. Más tiempo no significa mejor aprendizaje. Más horas lectivas no llevan necesariamente a una enseñanza mejor y no implica mejor rendimiento. Los itinerarios en edad temprana rompen con el significado de la escuela pública, laica e inclusiva: enseñar al que no sabe y enseñar al que menos sabe. ¿Para qué convertir la enseñanza obligatoria en una carrera de obstáculos? ¿Para qué más tiempo en la escuela? ¿Por qué perder a una mayoría de alumnos, algunos brillantes y con talento, que se quedarán en el camino por no tener una segunda opción porque ya estarán condenados de antemano en la primera?

Más allá de las buenas notas, que indican esfuerzo, disciplina y cierto talento para aprender y reproducir aquello que se exige para un examen, la creatividad, la tenacidad, la resistencia al fracaso, la capacidad de innovación y deducción, el diálogo, el contacto con la realidad, la cooperación y la solidaridad a la hora de trabajar y acceder al conocimiento son algunos de los elementos que definen a la persona brillante. Y son aquellas características personales y laborales más demandados por el mercado laboral y por la sociedad. Nada de esto se percibe en la nueva reforma del Gobierno.

Esta reforma entiende la cultura como algo limitado en la era de la globalización. El modelo educativo que propone fomenta una noción limitada de las aptitudes y de cuáles debemos favorecer. Consolida la jerarquía de materias en el currículo. Existen algunas asignaturas que se consideran necesarias para triunfar en la vida laboral y económica, son aquellas que se relacionan con el conocimiento útil y objetivo. Es un proyecto de ley que categoriza a los alumnos. El proyecto de ley del Gobierno es un freno al progreso. No motiva a casi nadie, por eso no contenta a casi nadie.

Es una reforma sin apoyos sociales, sin sentido de la realidad y sin perspectiva de futuro. Hoy un sistema de enseñanza que no capacita a los jóvenes para los retos del futuro es un proyecto que condena a toda la sociedad a no tener futuro.

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Un pensamiento en “Una reforma sin apoyos

  1. Como podemos comprobar cada día, el futuro que se avecina ofrece pocas seguridades y muchas incertidumbres. Instituciones y formas de vida tan arraigadas como el empleo estable, la casa en propiedad o la familia, tal y como las hemos conocido, están llamadas a desaparecer o se están transformando profundamente.
    A nuestro modelo, que tiene vocación de sedentario, ya no le queda más remedio que moverse. Después de siglos de fundar ciudades, crear países y enseñar valores basados en la acumulación, la conservación y la conquista, ahora resulta que nuestras fronteras nos encierran y que lo que se acumula y se quiere conservar es algo tan etéreo que puede desaparecer de un día para otro.
    Cuando tener poco dinero sea la norma, lo más sensato será no necesitarlo, o disponer de múltiples habilidades que permitan sustituirlo o conseguirlo; desde bailar claqué hasta coser un traje, pasando por programar, impartir un cursillo sobre Nietzsche, conducir un autobús, montar un escenario o podar un tilo.
    Si no cambia en profundidad, no parece que el sistema educativo que conocemos sea capaz de ofrecer tal cantidad y variedad de destrezas.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-para-la-incertidumbre

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