La educación como respuesta al trabajo infantil

El 12 de junio se celebró el Día Contra el Trabajo Infantil, una lacra que, según estimación de la OIT, padecen más de 165 millones de niños y niñas entre 5 y 14 años en todo el mundo. Trabajan largas horas en condiciones extremas, muy peligrosas para la salud física y psíquica.

El trabajo infantil es una pesada carga que somete a aquellos que lo sufren y denigra a aquellas personas e instituciones que lo fomentan y lo toleran. Erradicar el trabajo infantil es una tarea estrechamente unida a los Derechos Humanos y a la justicia social. Es darle una oportunidad de futuro a millones de niños y niñas que hoy no la tienen.

El trabajo infantil está muy ligado a la pobreza. Y esta, al género, porque la manera de entender el papel de la mujer en la sociedad condena a muchas niñas a la explotación. La pobreza, el analfabetismo, la explotación sexual, la violencia tienen sobre todo cara de niña. La situación actual no es la mejor posible para erradicar el trabajo infantil. Distintos informes e investigaciones internacionales nos indican que hemos retrocedido 50 años en las inversiones en cooperación, pero también en sensibilidad contra la pobreza extrema, producto de la injusticia social, que condena a millones de niños y niños a trabajos forzados. Actualmente en la gestión globalizada de la crisis económica, que tan buenos beneficios está dando a unos pocos, se prioriza las inversiones en la banca –beneficio privado, deuda socializada– y se incentivan los grandes movimientos de capitales para especular antes que luchar contra la pobreza, el hambre, el trabajo infantil y la exclusión social. Hemos fortalecido un sistema económico que es una fábrica de excluidos y pobres. El común de los ciudadanos y las instituciones públicas y privadas se han replegado sobre sí mismos. Ya no sabemos en qué acabarán ni dónde los Objetivos del Milenio (ODM) promovidos desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entre los más importantes destacaba la educación.

La educación debería de ser la respuesta más contundente contra el trabajo infantil. Los ODM fijaron una de sus metas en conseguir que todos los niños y niñas completen la Educación Primaria, y en alcanzar la igualdad de género en la educación para 2015. Para ellos se requiere al menos tres líneas de trabajo: políticas sociales globales que luchen contra el trabajo infantil; políticas que promuevan la sensibilización de la sociedad y de las instituciones públicas y privadas contra el trabajo infantil; políticas educativas que tengan como objetivo una educación pública, gratuita, obligatoria y de calidad para todos y todas. Estas tres líneas de trabajo no serán posibles sin un pacto mundial que implique a las organizaciones internacionales y a los movimientos sociales de amplio alcance. Un pacto fundamentado en el diálogo como única herramienta capaz de resolver en acuerdo un tema tan importante para la vida en común de los seres humanos, y un problema tan grave como el del trabajo infantil.

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