La confianza como reto

Para el buen funcionamiento del sistema de enseñanza, la confianza es muy importante. Una confianza que hay que construir entre toda la comunidad educativa y que hay que preservar por parte de las distintas instituciones públicas y privadas interesadas en mantener unas escuelas, unos institutos y unas universidades saludables. Diríamos que la confianza debería ser una tarea urgente de salud pública para el Gobierno y para el conjunto de la sociedad.

Escribe el profesor Pedro Ravela que “en el sector educativo la confianza es tan importante como en el sector económico y financiero”. Y continúa, “no es posible educar en un contexto en el que las autoridades desconfían radicalmente de los docentes; los docentes desconfían de las autoridades educativas, sean del partido que sean; las familias desconfían de las escuelas a las que envían a sus hijos y de los docentes que están a su cargo; la opinión pública desconfía de las instituciones educativas en general”.

Por su parte Aquilino Melgar, profesor de Educación Secundaria Obligatoria, apunta respecto al gran reto que supone la confianza, “que no se puede educar en un contexto donde los docentes no confían en sus alumnos y en su propia capacidad de transformación de la sociedad”. La confianza se convierte en el motor de buenas prácticas educativas y de innovación. Es un elemento clave para construir un clima de convivencia adecuado. Y termina siendo el impulso transformador de la institución escolar y de la sociedad.

La confianza es un gran reto, tan importante como las inversiones y las políticas educativas. Confianza y convicción son los mejores puntales para el sistema de enseñanza en tiempos de crisis. ¿Qué ocurre cuando desde la Administración educativa y desde una parte de la sociedad se está minando constantemente la confianza en el sistema público de enseñanza, la credibilidad de los docentes y la bondad de los alumnos y alumnas para esforzarse por aprender? Que se instala la inestabilidad en el sistema porque el conflicto se convierte en una constante macabra, en un conflicto de difícil solución. Porque, además, la quiebra de la confianza y de las convicciones como estrategia política lleva implícita la voladura controlada tanto de las vías de comunicación para el diálogo como de los posibles foros de encuentro.

Esta situación, que tuvo sus inicios en la Comunidad de Madrid durante el curso que termina, y que ha cristalizado en más de 12 huelgas y otras tantas manifestaciones, se ha extendido al resto de España de la mano del Ministerio de Educación. Al Gobierno le falta sensibilidad hacia el sistema de enseñanza y hacia el tremendo esfuerzo que cada día hacen docentes, alumnos y familias; y le falta finura a la hora de afrontar aquellas reformas que no dejan de ser necesarias, pero que ni mucho menos van en la línea proclamada por el Ministerio.

Recuperar la confianza en el sistema público de educación es uno de los grandes retos que tiene el Gobierno. Y una de las grandes tareas en las que se debe involucrar la comunidad educativa. Sin confianza y sin convicción es muy difícil desarrollar con calidad la profesión docente y educar a los niños, niñas y jóvenes.

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