Becas para qué

El ministro de Educación manifestó hace unos días la intención del Gobierno de reformar el sistema de becas y ayudas, refiriéndose expresamente a la educación universitaria pero dejando la puerta abierta a la enseñanza obligatoria, con el objetivo de vincularlas a las notas del alumnado. Una reforma de este tipo supondría un duro golpe para los derechos sociales de las clases menos favorecidas porque suprime un elemento corrector muy importante para la igualdad de oportunidades. Además de permear al sistema educativo por la condición social previa de los alumnos y alumnas. Creemos que nos hayamos ante una posible reforma para la segregación más que para la inclusión.

Las políticas soioeducativas son fundamentales para que el sistema de enseñanza siga siendo un factor de movilidad social, de progreso. Desarrollar y concentrar las políticas de excelencia solo en los alumnos con mejores rendimientos académicos es sentar las bases de una sociedad en la que la desigualdad es la norma habitual. Los mejores procesos de escolarización son aquellos que contemplan los mecanismos adecuados para hacer efectiva la igualdad de oportunidades. El cambio en el criterio más importante para las becas y ayudas supone una involución que expulsará del sistema de enseñanza a muchos jóvenes. Lo más grave de una reforma de este tipo es su carácter desregulador, y la quiebra del derecho a la educación. En 1954, Paul Samuelson atribuía dos características al uso de los bienes públicos: no rivalidad, no compiten con otros; no excluibilidad, nadie puede ser excluido de su disfrute. La educación y la enseñanza son bienes públicos, y las ayudas y becas son elementos correctores del origen social que precisamente facilitan la inclusión y el disfrute.

¿Becas para quién? y ¿becas para qué? Las familias con recursos deben pagar la educación de sus hijos. Es un problema de solidaridad con el que tiene poco o no tiene nada, y una forma de cooperar con la sociedad y el Estado para que las ayudas y becas las puedan disfrutar aquellos que las necesitan. Una de las maneras que tienen las familias en particular, y la sociedad en general, de ayudar a priorizar los objetivos del gasto público.

El sistema de enseñanza español presenta problemas de estructura, quizás de diseño y organización pero sobre todo de desajuste en relación a los grandes cambios que afectan a la sociedad y que requiere una reflexión muy seria sobre los fines y el modelo. El Gobierno pretende aprovechar la conciencia de dificultades reales que existen en los centros para implantar unas reformas cuyos contenidos desconocemos pero cuyos objetivos nos están contando por entregas desde los medios de comunicación. Y en muchos casos estos objetivos, como el de las becas y ayudas, suponen un paso atrás de casi 30 años. En palabras de Jorge Calero, catedrático de Economía Aplicada “una involución cargada de elitismo”.

El criterio para acceder a las becas y ayudas ha de ser socioeconómico. Y el criterio para mantenerlas debe tener como referencia la valoración del esfuerzo y la laboriosidad del alumno.

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