Integramos. ¿Verdadero o falso?

Es solo cuestión de palabras? El último Informe España 2011. Una interpretación de su realidad social, presentado por José María Martín Patino, presidente de la Fundación Encuentro, dedica el capitulo IV a “Inmigración y crisis económica: el verdadero examen de la integración”. Detallando aquellas políticas sociales que deben facilitar la integración de los inmigrantes o puede ponerla en serio riesgo entre ellas, y en destacado puesto, la educación.

Tenemos motivos para pensar que los discursos acerca de la integración se refieren más al problema, que para un amplio sector de la sociedad, supone la inmigración y el tratamiento de la misma. ¿Cómo vemos la inmigración? ¿De qué hablamos a día de hoy cuando nos referimos a la integración?

El inicio de los últimos cursos escolares ha estado marcado por los titulares de prensa referidos a la inmigración como un problema para la calidad del sistema educativo, el coste que ha supuesto la integración de muchos escolares extranjeros para las arcas públicas, y los problemas sociales, políticos o culturales que se derivan de la pretensión de integrar inmigrantes. Algunas posturas políticas y muchos medios de comunicación han construido un discurso que fomenta la prevención hacia “el otro”, cuando no la xenofobia. Un ataque contra la diversidad, la interculturalidad y contra valores tan importantes como son la solidaridad y la cooperación. El problema no es la integración –término que por cierto deberíamos desterrar- sino cómo se percibe la inmigración. Y por ende, qué papel debe jugar el sistema educativo para que las personas que buscan una vida mejor lejos de su país de origen no se sientan desterrados, y lo que es peor, marginados dentro del propio sistema.

Del mencionado capitulo del Informe España 2011, destacamos un dato muy interesante: el mayor porcentaje de los alumnos españoles de origen extranjero se registra en los Programas de Cualificación Profesional Inicial, PCPI (16,5%), mientras que el porcentaje que cursan el Bachillerato es del 5,9% y los Ciclos Formativos el 7,4%. Por otra parte, no debemos olvidar que el porcentaje de docentes españoles con origen de otros países es insignificante. A la luz de los datos hay que preguntarse si la pretendida integración de los inmigrantes no está llevando a miles de niños y jóvenes a la marginación dentro del sistema educativo y a vivir acampados en las fronteras del estado del bienestar, por no hablar ya de las dificultades para la reunificación familiar, de la idea de pagarles para que se vayan o del tratamiento que muchos políticos, medios y ciudadanos “normales” les dan de inmigrantes de primera, segunda o tercera generación.

De todo el informe de la Fundación Encuentro creemos que las reflexiones expuestas en este editorial dan para otro informe, uno que quizás sea capaz de resolver la pregunta: integramos, ¿verdadero o falso?

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