Cinco días aprendiendo de Singapur

AUTOR: ANDREAS SCHLEICHER, publicado el 15 de diciembre de 2011, en el Periódico ESCUELA

Andreas Schleicher

Si piensas que el ritmo de la reforma educativa en España te deja sin aliento, entonces mira a Singapur, que se transformó de un país en vías de desarrollo a una economía industrial moderna en solo una generación. Si tuviera que resumir lo que he aprendido impartiendo clase allí durante una semana, esta sería una historia sobre cohesión y liderazgo político, así como sobre uniformidad entre política y práctica; sobre el establecimiento de normas ambiciosas en todo lo que se hace; sobre centrarse en la construcción de una docencia y de una capacidad de liderazgo que ofrezca una imagen y una estrategia educativa; y sobre una cultura de mejora continua y una orientación hacia el futuro que fIje los puntos de referencia en las mejores prácticas educativas del mundo.

Lo que más me impresionó fue una visita a uno de los Institutos de Educación Técnica de Singapur (ITE) que atiende a los estudiantes de las clases inferiores. Me recibieron en el restaurante de la escuela, dirigido y gestionado en su totalidad por alumnos, que servían platos de una docena de culturas, un símbolo de un país que no ve la cultura como un obstáculo, sino que trata de sacar provecho de su diversidad.

Observé un aula en la que un chef australiano se emocionaba con cómo un grupo de estudiantes ultimaba los preparativos de la carne, en un ambiente de aprendizaje de primer día de clase, con la última tecnología. Las instalaciones y servicios dela ITEson fácilmente comparables con las de las universidades modernas de cualquier otro sitio.

Se trata de un país que invierte la misma cantidad de dinero público en cada estudiante de FP que en cada alumno de Secundaria que vaya a ir a la universidad más prestigiosa, y que prioriza la calidad de la educación sobre el tamaño de las clases. Claramente,  Singapur trata de romper el molde de Asia oriental, donde se venera el rendimiento académico como la única vía para el éxito y reconoce que los estudiantes aprenden de manera diferente en las distintas etapas de su vida.

El ITE de Singapur es ahora un lugar de referencia para los estudiantes, con un 90% de los graduados que encuentra trabajo en su campo, frente al 60% de hace décadas. Hay lecciones importantes que el mundo puede aprender de Singapur. Para aquellos que creen que el cambio sistémico en la educación no es posible, Singapur ha mostrado en varias ocasiones cómo se puede conseguir esto.

Se trata de continuar logrando los buenos resultados y para eso, los países necesitan una infraestructura política que impulse el rendimiento y aumente la capacidad de los educadores para desarrollarlo en las escuelas. Singapur se ha desarrollado en ambos aspectos y hoy es el resultado de varias décadas de políticas sensatas y de su implantación eficiente. En el espectro de modelos nacionales de reforma, Singapur ha conducido tanto políticas generales –el objetivo ha sido modificar el sistema en su conjunto– como públicas.

Sobre todo, me llamaron la atención las siguientes características: La meritocracia. He oído, no solo de políticos o de educadores, sino también de los estudiantes de todas las etnias y todos los rangos sociales, que la educación es el camino hacia el progreso y que el trabajo duro y el esfuerzo, al final, valen la pena. La gran movilidad social ha creado un sentido compartido de misión nacional y ha conseguido un apoyo cultural para la educación casi de valor universal.

La visión, el liderazgo y la competencia. Los dirigentes con una visión audaz sobre el papel a largo plazo de la educación en la sociedad y en la economía son esenciales para la creación de la excelencia educativa. Me ha impresionado la gente que conocí en el Gobierno. Funcionan en una cultura de mejora continua, evaluando constantemente lo que funciona y lo que no, utilizando los datos y la experiencia profesional de todo el mundo.

La coherencia. En Singapur, cada vez que una política se desarrolla o modifi ca, se presta una enorme atención a los detalles de su implantación. El resultado es una notable fidelidad a la puesta en marcha que se pone de manifiesto en la consistencia de los informes de las distintas partes interesadas.

Los objetivos claros y los estándares rigurosos. Los estudiantes, profesores y directores trabajan todos muy duro hacia importantes objetivos. El rigor, la coherencia y el enfoque son las consignas. Se presta especial atención al desarrollo del currículo, lo que ha producido fuertes programas de Matemáticas, Ciencias, educación técnica e idiomas, y que se ha asegurado que los profesores están realmente preparados para enseñar.

Docentes y directores de calidad. El sistema se basa en el reclutamiento de talento, acompañado de una formación completa y apoyo serio y permanente que promueve el crecimiento del docente, el reconocimiento, las oportunidades y su bienestar. Y Singapur mira hacia delante en esta línea, al darse cuenta de que, a medida que la economía siga creciendo y cambiando, será más difícil reclutar a profesionales de alto nivel que enseñen para las necesidades de aprendizaje del siglo XXI.

La responsabilidad inteligente. Por último, Singapur conduce una excelente gestión del rendimiento. Presta gran atención al establecimiento de metas anuales, con la obtención del apoyo necesario para hacerlas y para evaluar si se han cumplido. Se tienen en cuenta los datos sobre rendimiento de los alumnos, pero también una serie de medidas, como la contribución a la escuela y la comunidad, y la crítica de una serie de profesionales de alto nivel.

Por supuesto, no se puede copiar y pegar un sistema educativo en contextos culturales muy diferentes. Sin embargo, podemos preguntarnos cuáles son las medidas que están detrás del éxito de estos sistemas, y luego pensar en como se pueden llevar a cabo estas en nuestro propio país y cultura. Eso es lo que queda como aprendizaje de un sistema educativo y eso es lo que Singapur ha hecho siempre. En resumen, se consigue mucho más de los sistemas de educación colaborando para hacer frente a los retos del futuro con los puntos fuertes de la actualidad.

 ANDREAS SCHLEICHER

Dtor. del Dpto. para Indicadores y Análisis del Directorio para Educación enla OCDE

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